«Vamos a tener que construir un judaísmo diferente» - Semanario Brecha
Con Arielle Angel, sobre el ascenso del judaísmo antisionista en Estados Unidos

«Vamos a tener que construir un judaísmo diferente»

Durante décadas, los judíos opositores al supremacismo israelí quedaron fuera de los espacios comunitarios. En Estados Unidos los judíos jóvenes se rebelan contra esa situación. Arielle Angel, editora de la publicación Jewish Currents, conversó al respecto con Brecha.

Arielle Angel. arielleangel.com

Angel nació en 1984 y creció en Miami. Nieta de sobrevivientes del Holocausto, recibió una educación sionista desde muy temprano, que incluyó los tradicionales viajes a Polonia e Israel. El quiebre para ella llegó en 2014, con la invasión israelí a Gaza de ese año. «La historia que me habían contado –las Fuerzas de Defensa de Israel como el ejército más moral del mundo y la relación de la sociedad israelí con la militarización– simplemente dejó de tener sentido ante semejante cantidad de víctimas civiles. Recuerdo haber leído un artículo en el Times sobre israelíes que llevaban un sofá a una colina con vistas a Gaza para celebrar mientras caían las bombas. Y la famosa imagen de los niños pequeños en la playa, prácticamente decapitados, me impactó profundamente. Me quebró», le contó hace un tiempo a New Left Review. En 2018 participó de la refundación de Jewish Currents, que pasó de una pequeña revista casi olvidada de la izquierda judía a transformarse en una publicación con más de un millón de lectores anuales.

Jewish Currents es la expresión intelectual de un fenómeno más amplio. Organizaciones como Jewish Voice for Peace o IfNotNow pasaron en pocos años a agrupar a decenas de miles de jóvenes judíos, mientras se movilizan para exigir el fin de los vínculos entre Estados Unidos e Israel. Una reciente encuesta reveló que apenas 37 por ciento de los judíos estadounidenses se considera sionista y que entre los jóvenes judíos los sionistas son apenas un tercio. El alcalde antisionista neoyorquino Zohran Mamdani recibió un apoyo electoral judío masivo y candidatos judíos antisionistas triunfaron en las primarias demócratas de junio.

—¿Qué significaron Israel y el sionismo en tu identidad como judía?

—Mi identidad como judía estuvo fusionada con mi identidad sionista durante la mayor parte de mi vida. La guerra de Gaza de 2014 destruyó eso. Tuve que encontrarme de nuevo como judía, pero como judía antisionista. Implicó mucho duelo y romper con lo que creía saber sobre mí misma. Tal vez para algunos de los chicos de la generación Z que están ahora en la universidad es un poco más fácil, porque tienen una comunidad alrededor que ve lo que ellos mismos ven. Pero cuando yo estaba en la universidad no había muchos ejemplos de judaísmo antisionista. Jewish Currents no existía. Así que implicó una renegociación conmigo misma sobre quién creía que era yo.

Dicho esto, tengo una identidad judía muy fuerte. Hay personas que, cuando empiezan a cuestionar el sionismo, sienten el impulso de rechazar el judaísmo. Para mí, esa no es una opción, siento que debo encontrar la manera de habitar esta identidad. Y parte de eso es dedicar mi vida a crear junto con otros un judaísmo fuera del sionismo.

En uno de tus artículos, hablás de cómo ahora en Estados Unidos hay movimientos masivos de judíos antisionistas, pero aún cuesta desarrollar una vida judía educativa, religiosa y cultural fuera del sionismo. ¿Cómo se está dando ese proceso?

—Muy lentamente. Somos muchas más las personas que los recursos institucionales con los que contamos. No hay nada en los Estados Unidos de hoy que pueda sustituir el ascenso social masivo y la acumulación de riqueza que hubo a mediados del siglo XX. Fue entonces que se construyeron muchas de las principales organizaciones de la vida comunitaria judía. Nosotros no tenemos los recursos, en un sentido económico muy literal, y tampoco la misma herencia de habilidades organizativas. Pero hay nuevas organizaciones que lo están intentando. No te imaginás la cantidad de colectivos, grupos de oración, grupos de estudio, programas extraescolares que aparecen todo el tiempo. Hay alianzas nuevas, como el Movimiento de la Diáspora Judía, que articulan decenas de grupos, rabinos y líderes comunitarios. Pero sucede sin ningún apoyo.

—Es una apuesta a construir nuevas instancias de vida en común en momentos en que la sociedad en general, no solo los judíos, tiene muchos problemas con la organización colectiva…

—Es así. Por eso es que se plantea el debate de si reformar las instituciones actuales o construir otras. Las instituciones existentes tienen la ventaja de existir, por lo que tienen un espacio físico propio, algún tipo de estructura de gobierno, recursos, mientras que al construir algo nuevo empezás de cero. Muchos de los nuevos minyán [grupos con el cuórum mínimo requerido para el servicio religioso] que están surgiendo se reúnen en salas de estar. Una colega mía tiene un minyán que empezó con diez personas en un living, y ahora en los días festivos tiene cientos de personas. ¿Adónde van? No tienen espacio propio y dependen de la caridad de otros grupos. Todo se hace desde abajo, pero se hace. La gente no se rinde.

—¿Por qué puede ser tan difícil para alguien de identidad judía abandonar el sionismo?

—Mucha gente que participa de esas instituciones sabe, inconscientemente, que el judaísmo no sionista no puede ofrecerle hoy una vida comunitaria en otro lado. Y eso le impide cuestionar más, porque no se trata solo de discutir con tu familia. Se trata de perder una parte enorme de tu vida. Si tenés un hijo que necesita celebrar su bar mitzvá, no podés hacerlo. Si alguien de tu familia muere, esa comunidad que te habría acompañado en el duelo ya no existe. Estamos, de a poco, llegando a ese punto de organización, pero nos falta. Nuestras organizaciones políticas pueden reemplazar a las organizaciones comunitarias solo hasta cierto punto. Entonces, sí, es realmente difícil. Le estás pidiendo a la gente que deje atrás todo lo que conoce.

Ojo, es un precio pequeño a pagar. Es lo mínimo que podemos hacer por la gente que está siendo diezmada en Gaza. De nuevo, tenés que llegar al punto en que no podés soportar estar ahí, el genocidio te lo hace insoportable… Hay gente que lo aparta de su mente. En un artículo que acaba de salir en la revista Equator, «Gaza y el problema de la estupidez moral», Abdaljawad Omar, uno de los intelectuales palestinos más formidables, intenta comprender por qué hay gente que, con todo lo que sabemos, sigue repitiendo los argumentos israelíes. Tiene una respuesta psicoanalítica: ellos saben que mirar a la cara el genocidio en Gaza es muy costoso, que los destruiría, que les «costaría su mundo». La intensidad de su negación es resultado de la represión y de la vergüenza, como si en el fondo supieran lo mal que está lo que están defendiendo. Imaginate que sos una persona que ha estado apoyando todo esto. Pensá en la expiación que tendrías que hacer por tu respaldo a estas masacres, a este genocidio, a la matanza de niños.

Como decimos en inglés: «Toquemos el violín más pequeño del mundo». Toquemos el violín más diminuto por la tragedia de los pobres sionistas que no pueden afrontar su propio apoyo al sionismo. Aun así, pensarlo en términos de problema político o de organización es muy importante.

—¿Hasta qué punto el sionismo cambió el significado de ser judío?

—Mirá, por ejemplo, la festividad de la Pascua. Cada año recitás: «En cada generación se levantan contra nosotros para aniquilarnos, mas el Santo, bendito es Él, nos salva de sus manos». Esa es solo una parte, el resto del texto es, básicamente, un llamado a la venganza. Recitar algo así tenía sentido cuando eras una comunidad que intentaba darse ánimo para soportar una opresión asesina. Pero cuando repetís esas mismas frases desde posiciones de poder, son llamados al genocidio. Y así sucede con mucho de nuestra liturgia y nuestros textos. Todo esto es usado ahora para fortalecer el sionismo religioso. Son cosas que tienen que ser reinventadas, reelaboradas dentro de la tradición para dar cuenta de que la posición de las personas judías en la estructura del poder puede cambiar. Y hay una responsabilidad ética y moral de tener una liturgia que lo refleje.

También tenemos que pensar en la relación teológica con la Tierra. Tras la destrucción del Templo, la religión se volvió diaspórica, el judaísmo estaba dondequiera que estuvieran los judíos. El sionismo vino e hizo su propia reinvención del judaísmo. Hay mucho para renegociar en nuestra tradición y somos muchos los que pensamos que este es un momento de renegociación del judaísmo como no habíamos visto desde hace milenios, desde la destrucción del Segundo Templo.

Y eso es solo lo que concierne a la religión. En todas las otras esferas de nuestras vidas nuestras instituciones han sido construidas en torno al sionismo. Y eso ya no está reflejando dónde está parada la gente. En Estados Unidos hay una cantidad asombrosa de judíos que se están alejando del sionismo y no tienen a dónde ir. No tienen ningún lugar que los represente en la colectividad judía.

—Muchos grupos ortodoxos jasídicos te dirán que ya resolvieron este problema. Creen que migrar a Israel antes de la venida del Mesías es un pecado. ¿En qué difiere el judaísmo que ustedes postulan?

—Para empezar, para la mayoría de los jasidim, sus posturas no tienen nada que ver con los palestinos, excepto por algunos grupos. Para mí la base teológica no es lo central, excepto cuando pensamos cómo reconstruir nuestra vida espiritual a la luz de lo que pasa desde 1948. La cuestión es ante todo moral. Y también política. Cuando los medios contactan a representantes judíos, ¿a quién contactan? Cuando el gobierno consulta con miembros de la colectividad judía, ¿con quién consulta? Ahora mismo hay una captura total de nuestra comunidad a nivel global. A veces, los medios y las autoridades ni siquiera consultan a los judíos estadounidenses, sino que consultan directamente a figuras israelíes, lo que significa que nuestra representación se ha subcontratado por completo a los sionistas. Lo que a su vez también fomenta la confusión entre judaísmo y sionismo. Es muy bueno para los gobiernos israelíes que haya antisemitismo. No les preocupa reducir o erradicar el antisemitismo porque su respuesta es «vengan a Israel». La prioridad para ellos es fortalecer ese Estado.

Estos son quienes nos representan en el escenario mundial, y queremos cambiar eso. Estamos tratando de debilitar la maquinaria política que permite el genocidio y la matanza continua de palestinos, y que toma la forma de envío de armas, de cobertura política, de una eterna negativa a rendir cuentas.

—Aun siendo una revista judía dirigida a un público judío, Jewish Currents trabaja extensamente con periodistas palestinos en Palestina. ¿Qué papel desempeña la liberación palestina en esta nueva identidad judía?

—Ya he dicho antes que el judaísmo significará justicia para el pueblo palestino, o no significará nada. Obviamente, no quiero que el judaísmo sea definido para siempre solo por la cuestión palestina. Tuvo antes una vida independiente de ella, y lo que buscamos es que tenga una vida después. Pero de ahora en adelante, el judaísmo estará siempre asociado con el genocidio palestino, y tendrá que haber maneras en que asuma la responsabilidad y cree vías para la justicia, las reparaciones, el retorno, la igualdad. No milito la liberación de Palestina por el judaísmo, lo hago por los palestinos, y con los palestinos. Pero no creo que un judaísmo del que la mayoría de nosotros queramos ser parte pueda sobrevivir si no enfrenta la cuestión palestina y si no ayuda a crear las condiciones para la liberación palestina.

—¿Cómo respondés a las críticas sionistas? Se dice que quienes no defienden a Israel no reconocen la importancia que la Tierra de Israel tiene en la tradición y, por tanto, no entienden el judaísmo. Que la mayoría de los judíos ya decidieron apoyar al sionismo. Que los judíos antisionistas no son «judíos verdaderos».

—Estas luchas entre sionistas y antisionistas dentro del judaísmo son tan antiguas como el sionismo mismo. Lo cierto es que hoy la afirmación de que las mayorías están con el sionismo se está desvaneciendo, particularmente en Estados Unidos. Las cosas están cambiando mucho generacionalmente.

El argumento de que el sionismo se deriva automáticamente de los textos judíos tampoco se sostiene. Para empezar, hay muchísimas personas jasídicas que nunca han estado de acuerdo con eso. Hubo judaísmo durante milenios antes del Estado político de Israel y lo habrá después. La idea de que nuestra identidad tenga la misma antigüedad que este Estado de 80 años no tiene ningún sentido. Es un Estado nación que niega los derechos humanos a la mitad de las personas que viven entre el río y el mar. ¿Es eso lo que el judaísmo nos llama a preservar?

La Torá es vasta, permite muchas interpretaciones. Hay cosas muy estrictas, como guardar el Shabat, pero en otros temas la gente lee lo que quiere leer. Nadie es más o menos judío en este sentido. Los colonos violentos de Cisjordania son tan judíos como yo.

—Todas estas tradiciones con las que crecimos, el cristianismo, el judaísmo, el islam, tienen muchos elementos que se usaron durante siglos para oprimir a la gente. Pero también pueden proveer de una fuerte brújula moral. ¿Cómo creés que han influido en tu postura actual los valores judíos en los que te criaste?

—Odio el término valores judíos. En mi opinión, el colono que actúa con violencia está poniendo en práctica «valores judíos», y yo, oponiéndome al genocidio en Gaza, estoy poniendo en práctica «valores judíos». Los valores judíos son lo que hacen los judíos y no hay un conjunto fijo de valores judíos. Creo que hay valores que se dicen y luego están los valores que se enseñan. Crecí en una comunidad que, por supuesto, se creía justa y buena. Pero no me crie en el judaísmo reformista, donde el enfoque es la justicia social. Me crie en una comunidad judía más conservadora, donde los valores judíos que nos enseñaron eran más insulares, cuidarnos los unos a los otros, la fortaleza, el orgullo. Y esos también eran valores judíos. Soy nieta de sobrevivientes del Holocausto originarios de Grecia, que estuvieron en Auschwitz. Para mí, esa historia significa «nunca más para nadie». Pero hay personas que son nietos e hijos de sobrevivientes para quienes el mensaje es «nunca más para nosotros».

No va a ser fácil y no porque el judaísmo sea excepcionalmente malo. Todas las religiones del mundo tienen esta dualidad, y al final se trata de lo que su gente hace y de lo que su gente cree. No creo que baste con decirnos, bueno, volvemos a una expresión idealizada de los valores judíos. No, vamos a tener que luchar por ello. Vamos a tener que construir un judaísmo que diga estas cosas, no estas otras. Y vamos a tener que integrar eso en nuestra forma de vida, en la forma en que funcionan nuestras comunidades. Eso requerirá mucho trabajo.

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