Los operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por su sigla en inglés) y los vuelos de deportación masivos han paralizado el flujo migratorio hacia Estados Unidos. Como efecto secundario, esto trajo una situación sin precedentes para los encargados de la política estadounidense hacia Cuba –a lo que se unió el control sobre Venezuela–, pues hizo desaparecer un elemento histórico de contención para aplicar la «máxima presión», bajo el temor de que un colapso total y una crisis humanitaria extrema en la isla provocaran una oleada migratoria hacia territorio estadounidense. A diferencia de otras naciones con las que Estados Unidos mantiene conflictos, Cuba está a solo 90 millas, lo que la convierte en un Estado fronterizo. La migración siempre ha sido un elemento de peso...
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