En este crudo marzo de 2026, Cuba nunca había recibido tanta amabilidad y, al mismo tiempo, nunca había estado tan dramáticamente asfixiada. Los puertos de La Habana y Mariel ofrecen una postal que resume la esquizofrenia de la geopolítica contemporánea: grúas descargando miles de toneladas de alimentos y medicinas bajo la tenue luz del atardecer, mientras las ciudades que aguardan esos suministros se hunden en las penumbras de apagones que superan las 20 horas diarias. Un viejo refrán popular advierte que se puede jugar con el mono, pero no con la cadena. Hoy, en el teatro de operaciones del Caribe, en torno a Cuba se ha confirmado la máxima. Para entender la situación actual, es menester mirar el abismo que se abrió a principios de este año. La interrupción abrupta del crudo venezolano, ...
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