Arrabal amargo - Semanario Brecha
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Arrabal amargo

“¿Va a ir a votar?, preguntó la periodista a todos aquellos que cruzó en su camino en Martissant, un suburbio empobrecidísimo de la empobrecidísima Haití. “¿Para qué?”, le respondieron invariablemente sus interlocutores.

Lo primero fue el asco. Mi asco. Caminar sobre placas tectónicas de desperdicios, porquería, basura apisonada, dar un paso y otro sobre bolsas, trapos, mierda, botellas, pañales, temer resbalar en ese barro amasado con aguas servidas que huelen a vómitos, semen, fetos en descomposición, pescado podrido. Yo sé que debería encontrar una palabra para describir este olor, esta pestilencia a cosas muertas, a ríos de orines calentados al sol y mezclados con la sal y la humedad del mar que está allí, a dos pasos, pero fracaso: hedor, tufo o hediondez no describen nada de este mundo. Camino y trago saliva. Al mediodía y en el mercado, cuando bajé de mi burbuja rodante y acondicionada, ese olor fue un puño que me reventó la boca. Estamos en Haití, en el sur de Puerto Príncipe. Este lugar se llama M...

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