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Sobre la vieja-futura área protegida François Margat.

Desprotegidos

Sobre la vieja-futura área protegida François Margat.

Puente sobre antiguo Camino Real / Foto: Raúl Carrión

El paraje canario Margat –donde nace el agua potable para gran parte del país y una biodiversidad rica en especies nativas– está en peligro desde hace décadas tras el avance del hombre y con él la caza, los agrotóxicos y las industrias locales. Una iniciativa ciudadana para preservar la zona fue presentada hace ya tres años, y aunque desde la Intendencia de Canelones recogieron el guante, sigue sin ser declarada área protegida. El movimiento de vecinos ha virado desde la más enérgica militancia, al desánimo y el enojo frente a la “desidia política”.

La “quijotada” de los vecinos y técnicos de declarar a la zona de François Margat como área protegida y como un parque natural metropolitano pegado a la ciudad de Canelones empezó en 2010. Pero en setiembre de 2014 se la jugaron y propusieron formalmente un plan de acción ante las autoridades de la Comuna Canaria. La idea es que se incorpore al Sistema Departamental de Áreas de Protección Ambiental (Sdapa) –un instrumento similar al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Snap)–, creado por la Intendencia de Canelones (IC) para complementar las estrategias de conservación, pero a nivel local. La lucha lleva esos años y aunque los vecinos, investigadores y los artículos de prensa escritos sobre el lugar le llamen Área Protegida François Margat, formalmente aún no lo es.

Margat se encuentra entre las ciudades de Canelones y Santa Lucía, en torno al arroyo Canelón Chico. Son unas cuatrocientas hectáreas de campo que en realidad son mucho más: resguardan una gran riqueza en biodiversidad y un paisaje típico del sur del país. Tras varios trabajos de relevamiento de flora y fauna en 2012, en el área se encontraron diferentes ambientes naturales de gran riqueza autóctona, entre ellos pastizales, pajonales, humedales y bosque ribereño. La zona alberga unas treinta especies de árboles y arbustos nativos, decenas de especies de anfibios, mamíferos, reptiles, moluscos, arácnidos y más de un centenar de tipos de aves, alrededor del 30 por ciento de las observadas en Uruguay.

Entre los ecosistemas a cuidar se incluyen el bosque fluvial, los humedales (las zonas de inundación ocasionales o permanentes), la pradera natural, los sistemas de producción sustentables de la zona (agricultura orgánica) y el bosque de algarrobos, de gran valor por su interés genético para la conservación e investigación.

Las investigaciones en la zona también arrojaron hallazgos arqueológicos y culturales: boleadoras, restos de talla, antiguas taperas fueron encontradas en los alrededores de la Laguna de las Lavanderas y en los campos del –a esta altura famoso– médico sojero Máximo Castilla, cuyos predios están comprendidos dentro del área a proteger. Los técnicos que allí trabajaron pronosticaron una alta posibilidad de encontrar otros materiales arqueológicos, de ahí la necesidad de preservar la zona y promover futuras búsquedas.

Y tal vez el aspecto más importante para declarar a Margat como área protegida y empezar a actuar cuanto antes: el agua. Todos los factores de contaminación que puedan incidir sobre las cañadas, ríos y arroyos que conforman la cuenca del río Santa Lucía repercuten directamente en el agua que consumen alrededor de 2 millones de personas en Montevideo, Las Piedras, Progreso, Santa Lucía y Canelones.

Lo que preocupa a los vecinos de la zona desde el 2010, y desde antes también, es precisamente el riesgo que están corriendo estos bienes naturales y culturales.

LOS RIESGOS DE NO PROTEGER YA. “La biodiversidad de Margat está en la cuerda floja”, escribió en un artículo el biólogo Emanuel Machín, uno de los principales impulsores de Margat como área protegida. Machín contó a Brecha que la idea de presentar un plan piloto de conservación del área frente a las autoridades canarias surgió a partir del aumento de las plantaciones de soja en el departamento, del crecimiento sin planificación de la ciudad y de la excesiva tala de bosque nativo sin ningún tipo de control. El mal uso de agrotóxicos ya es una realidad en la zona –Máximo Castilla tiene sus campos dentro del área protegida y muy cerca está La Armonía, con su conocido caso de pérdida de cultivos–, y la tala masiva del monte ribereño está afectando también el agua (la vegetación funciona como filtro natural y es capaz de captar los químicos en exceso).

Por su lado, el también biólogo José Langone trabaja en la planta potabilizadora de Ose en Aguas Corrientes y advierte que el arroyo Canelón Chico está “severamente impactado, su calidad de agua es pésima”, y eso se debe, entre otras cosas, a la negligencia del vecino Frigorífico Canelones. El tema de los vertidos de establecimientos industriales y tambos hacia los cursos de agua sin el debido tratamiento es un aspecto que también preocupa desde hace tiempo a los habitantes de Margat; próximamente se abrirá en la zona una planta de chacinados de cerdo, que ya cuenta con la luz verde de la Dinama.

“Otro problema de la cuenca del Santa Lucía es que toda el agua residual de los pueblos va a estaciones de tratamiento que ya están desactualizadas. Las aguas servidas van a los cursos de agua prácticamente sin ninguna reducción de los nutrientes”, advierte Langone. Hay algo bien concreto, agrega: “El arroyo Canelón Grande se junta con el arroyo Canelón Chico y juntos desembocan a unos cientos de metros de la toma de la usina más importante de potabilización del país (Aguas Corrientes). La calidad de agua de ese sistema es fundamental para mantener una potabilización dentro de los márgenes seguros”. Todos esos factores inciden sobre los esfuerzos que invierte Ose para potabilizar el agua destinada a más del 60 por ciento de la población de Montevideo y aledaños.

Los productos químicos necesarios, el costo energético y demás gastos de potabilización se incrementan y es un hecho mirando la tarifa de Ose, dice Langone. “Ese es el gravísimo problema; el costo ambiental lo está pagando el usuario, cuando lo tendría que estar pagando quien contamina”, concluye.

“Está todo conectado con todo”, dice Langone, quien además es el autor de la investigación “¿Qué sabemos de las potenciales amenazas a la biodiversidad en la cuenca del río Santa Lucía en Uruguay? Una revisión sobre anfibios”. En la publicación advierte que cuatro especies de anfibios desaparecieron de la cuenca del Santa Lucía, y específicamente en el área de Margat, una de las especies –la llamada ranita de cuatro ojos– está desaparecida desde la década del 70. “Ya hay un cúmulo de evidencia bastante importante” sobre los riesgos en la zona, dice Langone, y “la propuesta de volver a Margat área protegida era muy buena para tener un ambiente que sirviera de filtro a todas estas contaminaciones puntuales”.

ÁREAS PROTEGIDAS DE PAPEL. Carol es maestra, vive en uno de los campos de Margat y cuando le da el tiempo planta con su marido algo de quinta para uso familiar. El campo de tan sólo cuatro hectáreas queda justo donde empieza el área, por él pasan la Cañada del Pescador y el Canelón Chico, y de vecino tienen nada menos que al doctor Castilla. “Los arroyos están contaminados, nosotros dejamos de pescar y de comer los pescados hace tiempo ya”, dice al tiempo que explica: “para nosotros el cuidado del agua es muy importante porque tenemos el ganado que toma esa agua. Nadie nos ha dicho nada del agua, porque acá no viene nadie a decirnos nada”. Sin saber a ciencia cierta si Margat ya se convirtió en área protegida o no (“no sé si ya somos área protegida o no, yo pensé que un área protegida era otra cosa… pero esto sigue todo igual”), Carol responde que hoy le preocupan los que tiran basura directamente en su campo y los que cazan pájaros en los alrededores.

“Si nos llaman, nosotros haremos lo que tengamos que hacer, pero también estaría bueno que la Intendencia nos diera herramientas, por ejemplo para luchar contra la basura que nos tiran y para la conservación de las especies, o que se pusiera alguna cartelería de que es un área protegida. No sé, algo…” Carol se refiere al desánimo de su familia y de todos los vecinos que participaron del grupo que presentó el plan piloto de área protegida ante la IC en 2014. Un grupo que comenzó con mucha efervescencia y con jornadas multitudinarias, pero que ahora apenas se reúne: “Y ahora seguimos nuestra lucha hasta donde podemos, intentando proteger las especies que quedan e intentando que no tiren basura, pero más no podemos”.

“El caso del área protegida François Margat. De cómo la desidia de los tomadores de decisiones puede desmotivar la participación ciudadana”, titula duro uno de los capítulos del libro que está preparando Emanuel Machín sobre el tema. Para el biólogo, hoy las acciones de la participación ciudadana directamente dejaron de existir: “El aparato burocrático y quienes lo timonean han sido los responsables directos de su desaparición. De una forma u otra supieron alejar a todas aquellas personas que se habían involucrado y comprometido con la idea”, advierte. Y denuncia más fuerte: “El lobby y el gasto de fondos públicos sin resultados tangibles parecen ser sus únicas herramientas. Si la participación ciudadana constituye un bien fundamental para cimentar la conservación, no se le puede atribuir exclusivamente a ella la responsabilidad de proporcionar capacidades y cualidades para su desarrollo”. La IC ha destinado en este período 10 millones de pesos para la creación de áreas protegidas, recuerda.

“Para la prensa y en los papeles, Margat es un área protegida. Se ha montado un gran circo en el que nunca llegó a hacerse nada, en concreto no hay nada. La IC lo único que ha hecho es trancar”, agrega con enojo Raúl Carrión, otro de los vecinos de la ciudad de Canelones y militante por Margat desde 2010. Para Carrión, el silencio de las autoridades canarias ante el proyecto y la falta de diálogo con los vecinos que viven en la zona “son una falta de respeto en el sentido más amplio, por el tiempo, por el trabajo, por el pienso que le puso el grupo, incluso hasta por el amor por la zona: realmente hay amor por el proyecto en sí, es visceral”.

Para Machín es “preocupante”, contradictorio y a la vez “cínico” el discurso de las autoridades, que elogia la organización local de vecinos,1 mientras que después no los escucha, con lo cual el proyecto ha quedado a medio camino. Por la “lamentable falta de interés en el tema por parte del gobierno local se puede decir que la conservación de la naturaleza en Uruguay no existe”, concluye Machín. El tema del ambiente no da rédito político ni económico, por eso siempre termina relegándose, coinciden los actores consultados.

EN PROCESO. Luego de la presentación del plan piloto por la sociedad civil en 2014, la IC pareció recoger el guante y tomar el compromiso de actuar en la zona. Luego de firmar un convenio con la Udelar, se crearon cargos técnicos y varios investigadores fueron contratados para hacer un diagnóstico preciso de las urgencias de Margat; algunas de las advertencias y acciones concretas manejadas para la zona en ese momento incluían la contratación de guardaparques, la prohibición de talar el monte, cazar animales nativos o tirar basura (con multas a quienes no respetaran), así como la promoción del ecoturismo y la agroecología orgánica en la zona, entre otros.2

Consultado por Brecha acerca de los vaivenes y demoras en la declaración de Margat como área protegida, Leonardo Herou, director de Gestión Ambiental de la IC, admitió que la comuna se comprometió con los vecinos en la tarea de preservar el área, pero sostuvo que este “es un proceso que no se resuelve en 24 horas y no se puede hacer por decreto”. Para el director, la creación del Sdapa como instrumento departamental sirve como ejemplo, ya que “tuvo un sistema de pasos legales, que después de varias etapas a cumplir termina con la aprobación en la Junta Departamental”. Lo mismo sucede con la incorporación de las áreas protegidas a ese sistema, explicó. “El objetivo es terminar el período de gobierno con tres áreas dentro del Sdapa”, arriesgó Herou. La primera de ellas, el área de Solís Grande (al norte de Jaureguiberry), “implicó un largo proceso que está terminando y se votará las semanas próximas”, prometió. La segunda de las áreas será Margat, y la tercera los bañados de Pando, según el jerarca.

“Se podría ver como que está sobrediagnosticado, pero yo diría que estamos a mitad de camino. Tenemos mucha información, pero esa información nos muestra que hay que seguir investigando para que las medidas que tomemos sean las acertadas”, dijo el director acerca del cúmulo de investigaciones y diagnósticos realizados sobre Margat, así como de la calidad del agua de toda la cuenca del Santa Lucía.

Sobre el desánimo o enojo de los vecinos de la zona con el proyecto trunco, agregó: “Son medidas que deben ampararse en la ley, no podemos hacer nada hasta que no esté la norma. Un área protegida necesita reglas de juego claras, porque estás decidiendo sobre predios privados y eso es muy difícil. Estamos haciendo un proceso sólido para que las cosas salgan bien, que tenga sustento político –que los municipios y los consejos participen–, y a su vez que participen los vecinos”, agregó. El proyecto de área protegida François Margat entrará a votación de la Junta Departamental recién en junio de 2018, arriesgó Herou. Habrá que esperar.

  1. Leonardo Herou, director de Gestión Ambiental de la IC, en La Diaria del 8 de julio de 2017: “Hay una historia, una sensibilidad y una organización local muy fuerte. Hay preocupación, hay organización de jóvenes, docentes y vecinos en general. Como es un área relevante (Margat), decidimos seguir por ahí, porque hay una movilización local interesante. Cuando vos tenés vecinos organizados y movilizados, se te allana el camino”.
  2. Un documento interno de la IC en 2014, titulado “Ingreso del Área Parque Natural Metropolitano Estación François Margat al Sistema Departamental de Áreas de Protección Ambiental de Canelones-Sdapa canario”(autora principal: Silvana Masciadri), mencionaba 17 recomendaciones y medidas cautelares para la zona.
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Educando en la biodiversidad

A gente que sí le importa

“Los docentes y los chiquilines estamos muy preocupados por la conservación. Pero para conservar antes tenemos que conocer”, dice Mónica Zabaleta, docente de biología de Secundaria y del Instituto de Formación Docente de Canelones.

Docentes y alumnos salen del salón de clases y aprenden bajo la metodología “Enseñanza de la Ecología en el Patio de la Escuela-Eepe” (creada por el científico y ecólogo estadounidense Peter Feinsinger en la década de 1980, y en nuestro país impulsada por el biólogo Emanuel Machín), que alienta a los jóvenes a involucrarse e investigar la naturaleza directamente en el territorio y junto a actores clave de la comunidad.

Todos los años aparecen trabajos de los chiquilines sobre Margat, dice la profesora. Hasta allá van de visita didáctica, siempre y cuando los dueños de los campos los dejen entrar. Los adolescentes se muestran muy preocupados: “Siempre aparece el tema de la contaminación, el uso de agrotóxicos, el desgaste de la naturaleza por la mano del hombre”, dice Mónica, y concluye: “Ahí es cuando vemos la importancia de tener esa zona, y lo que perderíamos si no la tenemos”. “Cada vez se venden más terrenos a gente a la que no le importa conservar”, concluye la profesora, y los pequeños investigadores de a poco lo están descubriendo.

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