La operación militar en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, amén de transformar al país caribeño en un protectorado de Estados Unidos, tuvo un segundo paso, con el incremento a niveles extraordinarios del bloqueo estadounidense sobre Cuba. La principal medida es el bloqueo petrolero («cero» petróleo, dijo Donald Trump), que lleva a la paralización de gran parte de la economía cubana y a una crisis humanitaria desconocida hasta ahora, lo que afecta crudamente el diario vivir de los isleños. Ni Venezuela ni México (sus dos principales proveedores) pueden suministrar crudo a Cuba. La acción yanqui no es diferente al genocidio practicado por el gobierno israelí en Gaza, aunque los métodos, al menos por ahora, son diferentes. La novedad, que aparenta modificar el escenario, es que el miércoles la administración Trump habilitó el ingreso de petróleo venezolano a la isla, con la condición de que será Estados Unidos el vehículo de la venta del hidrocarburo (hoy maneja toda la comercialización del producido en Venezuela) y que solo se venderá a privados cubanos, sin que su Estado pueda intervenir en esa operación. Un anuncio difícil de concretar.
Esta es la situación. Ahora importa saber cómo se ha posicionado la izquierda uruguaya sobre lo que sufre Cuba, atendiendo a un pasado de estrecha relación con la revolución cubana y su gobierno. Y lo primero a diferenciar es el posicionamiento del gobierno de Yamandú Orsi y el de la fuerza política que lo llevó a la presidencia. Desde los inicios de esta nueva administración y con el acuerdo de gran parte de la dirigencia frenteamplista, la lógica ha sido desmarcar al Ejecutivo de las definiciones del Frente Amplio (FA). Se gobierna para todos, sostienen desde la Torre Ejecutiva, obviando que la actual administración fue electa por su programa, elaborado por quienes la votaron y no por un acuerdo entre la coalición republicana y el progresismo.
Sobre el recrudecimiento del bloqueo estadounidense a Cuba no ha habido una declaración del gobierno ni de la cancillería. Por el contrario: se repite el sonsonete de que no importan las declaraciones, sino los hechos, al igual que en el caso de Gaza, en el que se descarta la calificación genocidio para indicar que la acción verdadera es arrimar ayuda humanitaria. Ayuda que el gobierno nunca pudo concretar.
En el caso de la agresión a Venezuela, el gobierno uruguayo adhirió a una declaración junto con cinco países (Brasil, Chile, Colombia, México y España), en la que se condenaba el desconocimiento del derecho internacional y la violación al principio de autodeterminación. En el caso cubano, el gobierno de Orsi no consideró necesario denunciar que se violan los mismos principios y optó por el silencio. La actitud gubernamental tomó el camino de ignorar el hecho político avasallante de la primera potencia del mundo.
El canciller, Mario Lubetkin, dijo a la salida de su comparecencia ante la Comisión Permanente del Parlamento esta semana que lo resuelto por el Ejecutivo «se trata de solidaridad de Uruguay, no con un país o con un régimen». Y comparó esa ayuda con la concretada en enero tras los incendios forestales en Chile, cuando se envió un avión con bomberos. También recordó que se trabaja en asistencia humanitaria con Haití. Pero, incluso, le bajó el perfil a la ayuda, asegurando que, dada la realidad de Cuba, la asistencia sería simbólica. «Siempre va a ser simbólico», consideró.
EL OTRO CAMINO
Distinta ha sido la reacción de los grupos componentes del Frente Amplio (FA) e incluso de su dirección. El presidente del FA, Fernando Pereira, encabezará una delegación que viajará a Cuba en representación de la fuerza política y la bancada de Senadores presentó una moción de rechazo a la intensificación del bloqueo.
Distinta ha sido la reacción de los grupos componentes del FA e incluso de su dirección. El presidente del FA, Fernando Pereira, encabezará una delegación que viajará a Cuba en representación de la fuerza política. Además, la casi totalidad de los sectores frenteamplistas ha rechazado la política que desde «el segundo mandato de Donald Trump profundiza de manera deliberada una estrategia de dominación y disciplinamiento sobre su esfera de influencia, recurriendo abiertamente al uso coercitivo de la fuerza, tanto mediante amenazas e intervenciones militares como a través de la imposición de sanciones económicas contra los pueblos de América Latina», señala una declaración del Partido Socialista. El rechazo al recrudecimiento del bloqueo contra Cuba, por supuesto, incluye al Partido Comunista de Uruguay (PCU). El texto comunista subraya que Estados Unidos amenazó con sanciones y aranceles a las naciones que suministren petróleo a Cuba bajo el argumento «mentiroso» de que la isla es una «amenaza inusual y extraordinaria» para ese país. El país norteamericano «pretende, por esa vía, tomar de rehén a todo el pueblo de Cuba, asfixiarlo por hambre y doblegarlo para imponer su hegemonía», y «viola, una vez más, todo el derecho internacional», mientras que «Cuba no ha agredido a ningún país», remarca el PCU.
El rechazo a la actitud estadounidense no se limita a los sectores considerados radicales por la lógica mainstream. También sectores como Seregnistas (Lista 95) han expresado su postura crítica, mostrando la percepción de que se asiste a la ruptura de todas las reglas construidas con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. La declaración de Seregnistas, titulada «Por la paz y por la vida, fuera Trump de América Latina», sostiene su firme condena «al bloqueo energético impuesto por el gobierno de Estados Unidos que somete al pueblo cubano a condiciones de vida que conducen a una crisis humanitaria». Luego, agrega: «Cuando una superpotencia usa el hambre, la enfermedad y la privación de servicios esenciales de un pueblo como instrumento de presión, no está defendiendo la libertad, está negando la humanidad. […] Apelando al respeto del derecho internacional y convocando a la solidaridad con el pueblo cubano, llamamos al cese inmediato del bloqueo energético».
También la dirección de Espacio 99000 resolvió «condenar enfáticamente todas las medidas inhumanas dispuestas por Estados Unidos contra la hermana República de Cuba, agravadas por la Orden Ejecutiva del 29/1/2026, que impone el bloqueo petrolero» y amenazas «a terceros países que comercialicen con Cuba, las cuales en su conjunto se enmarcan en una política de agresión que agudizan una grave crisis humanitaria gestando un genocidio por hambre, aislamiento y falta de suministro de elementos esenciales». Su comunicado insta al Estado uruguayo «a que realice un categórico pronunciamiento de condena contra la violación del derecho internacional y participe en los distintos ámbitos de denuncia, abogando por el diálogo inmediato, restablecimiento de la paz y cese del criminal bloqueo petrolero».
La senadora Constanza Moreira se ha pronunciado en la misma dirección que los grupos mencionados. Lo mismo ha hecho el Partido por la Victoria del Pueblo y otros sectores. Quien aún no ha tomado posición ha sido el Movimiento de Participación Popular, aunque se espera que lo haga mañana en la reunión de su dirección nacional. En tanto, varios legisladores emepepistas se han pronunciado en sus redes.
El FA convoca a la caravana que mañana, a partir de las 10.00 de la mañana, se realizará en Montevideo y el área metropolitana contra el bloqueo estadounidense a Cuba. A esa actividad convocan muchas organizaciones sociales y, además, la Unidad Popular (que también emitió una declaración contra la agresión a la isla).










