Con Martín Sivak, autor del libro “Clarín. Una historia”
Fundado en agosto de 1945 por el ex ministro Roberto Noble para catapultarse a la presidencia argentina, “el diario argentino” contó con dinero nazi en su capital inicial, se benefició de todos los gobiernos civiles y militares, y fue uno de los pilares que Néstor Kirchner aprovechó para alcanzar el poder y mantenerse, antes de la ruptura de relaciones que terminó en guerra. Martín Sivak narra en su libro la historia de un diario al que todos le tienen miedo.
—¿Cómo surgió la idea del libro?
—Me impactó mucho cuando cubrí para la revista Veintiuno de Jorge Lanata los despidos masivos en Clarín, en el año 2000. Fue raro. Muchos (políticos, artistas) que habían protestado por los despidos en el diario Perfil en 1998 no se hicieron sentir esa vez. Sólo Adolfo Pérez Esquivel y el sindicalista Hugo Moyano dieron la cara en ambas ocasiones. Me pareció muy evidente el pánico a Clarín. Es un tema de la política argentina preexistente al kirchnerismo. No lo inventó Kirchner. Había pánico a Clarín en la Unión Cívica Radical, en el peronismo y en el Frepaso de aquel momento, por la importancia que tiene el diario en la formación de la agenda política del país. A partir de ese día cada vez que me tocaba hablar con un político argentino le preguntaba por Clarín. Era una cuestión de método. Y Carlos Corach, el ministro del Interior de Carlos Menem, uno de los peronistas que más participaba en la relación con los medios, me dijo una frase que me pareció reveladora: “Nosotros gobernamos diez años, pero Clarín va a gobernar muchos años más”. A partir de entonces y hasta agosto de 2005 me dije que iba a tratar de juntar todo lo que pudiera sobre Clarín. La pregunta era: ¿cómo un diario que nació en 1945 con 46 empleados y sin planta propia se convierte en la empresa más importante del país? Tuve un rechazo de una editorial a este proyecto, lo que también refleja el miedo a Clarín. “Con Clarín no”, fue la respuesta del editor. Era un asunto tabú. Pude empezar a trabajar en el tema gracias a una beca doctoral en historia que obtuve en Estados Unidos. Pude consultar los archivos privados de Roberto Noble, el fundador de Clarín, del ex presidente Arturo Frondizi, del publicista del primer peronismo Alejandro Apold, y tuve que leer todos los ejemplares del diario desde 1945 hasta 1982, fecha que abarca este primer tomo. A los documentos que encontré también en Washington los complementé con 150 entrevistas. Algunos fueron entrevistados hasta 15 veces, como Marcos Cytrynblum, que fue secretario de redacción del diario, porque era discutir mes a mes las grandes decisiones editoriales y políticas que tomó Clarín. Mi libro es una historia política del diario.
—Decís que en el inicio de Clarín hubo dinero o apoyo indirecto nazi. ¿Cómo fue eso?
—El mito fundacional de Clarín dice que Roberto Noble vendió su estancia para sacar el diario. Eso no es cierto, porque según un cable que encontré en el Departamento de Estado, Noble tuvo un grupo de empresarios que lo apoyaron. Todos los diarios en la historia argentina, desde Crítica, en 1913, lo tuvieron y lo tienen. Noble recurrió a un grupo empresario donde había peronistas y no peronistas, entre ellos el ex gobernador conservador y fraudulento Miguel Fresco, de quien Noble había sido ministro de Gobierno en la década de 1930. Y para obtener papel recurrió al diario Cabildo, que era nazi y estaba financiado por la embajada alemana en tiempos de Hitler. A todos ellos Noble les prometió un diario donde se sintieran representados. Esa es una marca muy fuerte de origen en Clarín. Por eso nace con una gran dependencia del Estado, no tenía papel para imprimirse, ni planta de impresión, ni redacción propia. Está históricamente asociado al Estado por esa carencia inicial. Busca autonomizarse del Estado pero necesita de él. Pasó con los avisos clasificados, cuando el peronismo expropia el diario La Prensa en 1951. Clarín no se pronuncia editorialmente frente a ese hecho, como en cambio sí lo hizo La Nación, que calificó a esa medida del peronismo como un ataque a la libertad de expresión. Clarín no sólo no dice nada sino que capta los avisos clasificados y eso fue central para la supervivencia del diario. Los avisos clasificados tienen dos ventajas: te dan efectivo todos los días y te permiten proyectarte desde la capital hacia todo el país. Y por otro lado se trata de anunciantes que no inciden en la línea editorial, porque si tenés a un banco como espónsor te marca la línea editorial. En 1945 Noble se dio cuenta de que un diario no son solamente los lectores, que también hay gremios, canillitas, distribuidores, y él trabaja muy astutamente sobre eso. Le da al secretario del sindicato de los distribuidores el cargo de jefe de circulación de Clarín. Y le da también mucho dinero a ese gremio. Es un político que sabe cómo se juega, y eso explica cómo y por qué se consolida tan rápidamente. Tiende a ver cosas del negocio que otros editores no ven. Los Mitre en La Nación jamás hubieran ido a un asado con sus empleados, ni se hubieran fijado en los clasificados, porque sostenían que eran para las mucamas que buscaban trabajo. Era un hombre adelantado a su tiempo.
—Y desde esa pregunta disparadora sobre el crecimiento del diario, ¿encontraste alguna sorpresa?
—Muchísimas. No tenía claro que Clarín fuera la catapulta de Roberto Noble para ser presidente de la República. Eso lo descubrí en un archivo. Noble había sido radical de izquierda en la universidad, socialista en la década de 1920, socialista independiente, nacionalista… Se retira de la política y para volver le dicen: “Necesitás un diario, no un partido”. Y eso es central en la historia argentina, porque se trata del diario de un político. Él entiende de inmediato que necesitaba de la política y del Estado para sobrevivir. El peronismo maneja el papel, maneja los créditos y aprieta. Noble sobrevive al primer peronismo por todos los créditos estatales. Clarín defendió abiertamente la agenda peronista, no tanto por convicción sino porque le interesaba ser un medio masivo y para eso tenía que seguir los humores sociales.
—¿Establece un modelo de lector?
—Clarín sigue permanentemente esa idea. Discuto el concepto de que sea el diario de la clase media. En el caso del primer peronismo, reflejó el boom del consumo, con los avisos clasificados, el trabajo, la casa y comprar la heladera. Es para un público sin grandes pretensiones intelectuales: una persona que lee el diario mientras toma el café y se fuma un pucho. Noble acompaña a ese lector no ideológico que le permite ser furiosamente antiperonista desde que nace en agosto de 1945 hasta fines de 1946, después peronista y defender su agenda hasta el día mismo que cae Perón. Hay pocos casos en la historia del periodismo en que un diario se da vuelta tan abruptamente. Tras el golpe de 1955 pasa a un furioso antiperonismo, hasta que consigue al desarrollismo como gran paraguas ideológico. Uno podría preguntarse quién no era desarrollista en la década de 1960. Clarín consigue dar esa idea de tono económico desarrollista, cuando en realidad era el tono de la época.
—Noble va en la senda de El Día, en Uruguay, donde Pepe Batlle, como presidente, escribía y criticaba él mismo a su propio gobierno y a la sociedad, pero usando el periodismo en beneficio propio.
—Es interesante la idea, es cierto. Parece una característica del periodismo del siglo xix. Noble toma esa idea de Mitre, Sarmiento y Batlle de usar un diario para la pelea facciosa. Noble, que viene de esa tradición, se plantea orientar el diario a un número mayor de lectores. No le quiere hablar solamente a la elite de Buenos Aires, sino al tipo que depende de esa elite porque es un votante. Por eso le permite estos vaivenes, porque es un diario no ideológico. El lector de Clarín espera algunas cosas del diario pero no coherencia ideológica. Es un diario que piensa como un político.
—Tu libro y otros en la misma senda terminan por revelar que los diarios juegan un rol político aunque se amparen en el periodismo independiente.
—Un diario es un actor político y tiende siempre a disimular esa condición. En Argentina, con un empresariado prebendario del Estado, Clarín no es una excepción e incluso la exagera. Si lo comparás con La Nación y La Prensa, por ejemplo, uno se da cuenta de que fue un gran acierto su rol en la empresa Papel Prensa. La Nación rechazó siempre cualquier asociación con el Estado porque va contra su propia doctrina. Noble es doblemente inteligente y ahí pesa mucho esa enorme capacidad de toma y daca con los gobiernos, que implica mucho más que obtener un crédito a cambio de una portada favorable. Es todo mucho más difuso.
—Néstor Kirchner intentó hacer lo de Frondizi y no pudo, digamos.
—Exactamente. Eso funcionó durante cinco años. Kirchner le dio mucho a Clarín, permitió la fusión entre Cablevisión y Multicanal en la víspera de la asunción de Cristina, para que su esposa tuviera una luna de miel, y finalmente esa cooperación se cortó por el cortocircuito con el campo en febrero de 2008. Kirchner fue hábil, porque con el escaso caudal de votos que tenía al comienzo necesitaba a Clarín, a los sindicatos peronistas, con Hugo Moyano a la cabeza, a los organismos de derechos humanos y al peronismo con su aparato político. Tendió esa mesa y se sentó a negociar con ella a su favor. Y se lo dijo en una entrevista a Eduardo van der Kooy, editorialista de Clarín: me importa un bledo el diario La Nación, porque ustedes tienen mis votantes.
—¿Considerás relevante la visibilización pública de los medios como actores políticos?
—Creo que eso es pura ganancia para la sociedad. Saber quiénes son los dueños y qué intereses esconden es sumamente positivo porque eso es democratizar la opinión pública. La concentración de los medios va en contra de cualquier democracia. Pero usar la ley de medios para destrozar a Clarín y ser permisivos con otros grupos concentrados, que son iguales o peores, tampoco suma. Ese es el problema. El kirchnerismo visibilizó este escenario, pero en esa visibilización tomó también decisiones desacertadas. Por ejemplo con el tema de los hijos de Ernestina Herrera de Noble: ya sabían que no eran hijos de desaparecidos, pero montaron una campaña. Lo mismo en el tema Papel Prensa. El gobierno alentó muchas campañas que pusieron a la opinión pública del lado de Clarín, sin sentido.
—En 2005 Kirchner dijo que se sentía cómodo en escenarios políticos e ideológicos polarizados. ¿No es una explicación para esa forma de actuar?
—Es posible. Pero el kirchnerismo tiene también un rasgo llamativo en su relato: decidió que la historia empezó con la última dictadura militar. Y Clarín en ese escenario armado encaja perfectamente. El problema es que Clarín empezó mucho antes. Sostener en el relato oficial que el dictador Jorge Videla le dio los hijos a la directora del diario, que le dio Papel Prensa, es una postura cómoda.
—¿Clarín tuvo con Juan Perón una relación similar a la que tuvo con Kirchner?
—Cuando el general Perón llegó a la presidencia, Clarín era el quinto diario nacional, no tenía peso, no generaba agenda. Pero tenía el beneficio de que, frente a esa cadena de diarios oficialistas que creó el peronismo, y ante La Nación y La Prensa, mantenía un lenguaje neutro frente a la puja entre el oficialismo y los factores de poder agrario, como la oligarquía. Clarín no usaba la palabra oligarquía. Era un diario marginal. Cuando Kirchner llega al poder se encuentra con que Clarín era un diario, pero también radios, canales de televisión, inversiones diversificadas. En todo caso Perón ayudó a crear a Clarín.







