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El conflicto de intereses en la actividad médica

“Poderoso caballero es don dinero”, arrancó citando el neonatólogo José Luis Díaz Rossello, y las palabras del poeta Francisco de Quevedo fueron retomadas durante toda la jornada. Fue en el marco del primer coloquio bioético del Colegio Médico del Uruguay (cmu), el pasado viernes, donde se debatió sobre el conflicto de intereses en la actividad médica. La bajada a tierra vino más tarde: “La receta es cuidarse de las sonrisas, no hay estafador que no sea seductor y no hay cuidacoches que no haya aprendido de los visitadores médicos”. El neonatólogo hacía referencia a aquellos trabajadores de la industria farmacéutica que hacen lobby en las instituciones de salud para recomendar o inducir al uso de sus medicamentos. Pero para el médico intensivista Homero Bagnulo hay otras manifestaciones del conflicto de intereses más preocupantes, como la influencia que ejerce la industria a través de la financiación de espacios de formación. En diálogo con Brecha, Bagnulo se refirió a un curso para residentes que realizó recientemente la Facultad de Medicina (Fmed) y que, como es costumbre en congresos médicos, “estuvo claramente identificado con una industria farmacéutica. Esas actividades, más aun si se trata de la formación de estudiantes, deberían ser financiadas por la Fmed y el Ministerio de Salud Pública”, para desvincular a la industria de los contenidos que se imparten. La apreciación tiene además otro costado. Se pueden “dar mil charlas sobre conflicto de intereses, pero si después vas a pedirle a la industria, el mensaje que llega es lo que hacés y no lo que decís”, algo que el propio decano de Medicina, Fernando Tomasina, decía en otros términos durante la charla: “Es muy inteligente el mercado para entrar de distintas formas, por ejemplo cuando utiliza lo simbólico para adueñarse de actividades que son propias de un espacio académico”.
Pero el conflicto de intereses presenta además otras aristas. Un tema que es señalado como central y que preocupa al cmu es que los médicos trabajen en instituciones que compiten entre sí, y que ni los pacientes, ni los estudiantes, ni las instituciones que los contratan conozcan ese pequeño detalle que forma parte de su currículum. Por ejemplo, “no parece lógico que un docente de alta responsabilidad tenga un vínculo muy cercano con la industria farmacéutica, porque existe la posibilidad de un sesgo. Entonces, la idea es que uno debe trabajar en la prevención más que en el castigo, y para eso las instituciones tienen que adoptar normativas. La primera es pedir la declaración del conflicto de intereses”, señaló Bagnulo.
En este momento el consejo directivo del colegio se encuentra analizando un formulario para la declaración del conflicto, elaborado por una subcomisión del cmu que integra Bagnulo,1 y que solicita datos sobre el apoyo recibido por parte de la industria para participar de actividades educativas o para desarrollar investigaciones, además de los cargos o acciones que se tienen en compañías de salud, farmacéuticas o de insumos sanitarios. Hasta el momento la única institución que obliga a sus funcionarios a declararlo es el Fondo Nacional de Recursos, y en 1997 la Facultad de Medicina aprobó un formulario, pero nunca se aplicó.
“En principio –sostuvo Bagnulo– las primeras manifestaciones que oí eran favorables, es algo que está bien visto. Pero no tienen por qué aprobar este formulario, también pueden redactar otro, o no aprobar ninguno.” El tema también podría ser laudado “mañana” por otra vía, explicó el intensivista, por ejemplo a instancias del msp o mediante una ley, y extenderse a todo el colectivo que trabaja en las instituciones de salud y no sólo a los médicos.

ANTES Y AHORA. La situación no es la misma que en los noventa, dijo Díaz Rossello, pero “en este momento retomamos porque entendemos que el universo está ajustando sus mecanismos”, y recordó que en otras épocas “tenía una especie de fobia de entrar al hospital y ver a los colegas con túnicas con el nombre de un laboratorio bordado en ellas, a los visitadores médicos que parecían cumplir más horario que los docentes dentro de la Facultad de Medicina, y el carné en mi profesión, que soy pediatra, con un sello de un laboratorio y una sonrisita con el producto que vendía para bajar la fiebre. Estábamos desnudos en la privacidad de nuestra profesión”.
Aunque de formas a veces más sutiles y diversas, el problema sigue vigente. Para demostrarlo, la mesa de oradores propuso dos casos de análisis basados en hechos reales, y los presentes compartieron experiencias personales que ejemplifican la cantidad de frentes del conflicto de intereses. Uno de los más comentados es el que se genera con la institución empleadora: “Pedí un ‘farmanuario’ de la institución y me dijeron ‘no recetes los de la cuarta hoja porque son los más caros’”, sostuvo una médica. Otra agregó que periódicamente en una institución se “reúne a los cardiólogos para contarles el gasto que ha tenido cada uno, se muestra el promedio al cual deberían acercarse y se dice, ‘actualmente estamos en una situación muy difícil, no sabemos si vamos a poder pagar los sueldos a fin de mes’”. Desde el otro lado, una directora técnica de un laboratorio contó que algunas instituciones la llaman para conocer el gasto de cada médico y “cobrárselo después”. Ese tipo de presiones, señalaron desde el público, lleva a que haya médicos que postulen: “Yo con ética no como”.
Pero hasta el propio acto médico como base del sistema de remuneraciones es puesto en cuestión, esta vez porque podría fomentar que los médicos practiquen intervenciones innecesarias movidos por un interés económico. Bagnulo analizó que “algo que en todo el mundo ya se sabe que no se alinea con los principios de ninguna reforma, el Sistema Nacional Integrado de Salud lo mantuvo y nadie quiso dar la pelea. Lo que he visto es que por ahora no parece haber la menor intención de cambiar el pago por acto médico, lo cual es una debilidad muy grande del sistema. Ahí hay una responsabilidad del ministerio”. n

1.     La subcomisión también está integrada por Nisso Gateño, Gustavo Tomasina, José Luis Díaz, Francisco Cóppola, Verónica Nieto, Gustavo Giacheto, Lucía Delgado y Aníbal Dutra.


Aclaración
Los pesos del narco

En la entrevista a Julio Calzada publicada en el número anterior se afirmó que el narcotráfico recauda, en Uruguay, 30 millones de dólares anuales. Cabe precisar que esa cifra es lo que obtiene solamente por la comercialización de marihuana.

Colonia de vacaciones del SMU
Reabre

La asamblea general del Sindicato Médico del Uruguay decidió el miércoles pasado reabrir su colonia de vacaciones antes del próximo 28 de junio, así como la reincorporación inmediata del personal presupuestado que había sido cesado en ocasión del cierre resuelto por el comité ejecutivo de ese sindicato.
Como Brecha informara, las autoridades sindicales habían tomado esa determinación el 14 de marzo alegando que la colonia producía pérdidas, el edificio estaba muy deteriorado y corría riesgo de incendio.1 Discrepando con lo resuelto las agrupaciones mas y Gremialismo Auténtico promovieron la asamblea mencionada, que consignó “que no existe ningún riesgo actual que inhabilite (el) funcionamiento” de la colonia y que ésta “constituye un emprendimiento sindical, concebido como un beneficio para el socio por facilitar su recreación y descanso”, es decir que no tiene por objeto proporcionar réditos económicos.
Además la asamblea ordenó al ejecutivo volcar “a las arcas de la Colonia lo adeudado por conceptos de sba (cuota que pagan los agremiados por servicio básico de alojamiento) en un término de cuatro días hábiles” y desistir de cobrarle “el alquiler del local donde funciona, gastos de elecciones cada dos años, ni ningún otro gasto por cualquier concepto, por ser jurídicamente incorrecto”.
La comisión directiva de la colonia fue ratificada y el organismo, fortalecido con otros militantes, preparará un plan de rehabilitación y mejora que deberá presentar antes del 31 de julio. n

1. Véase Brecha del 4-IV-14.

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