Yamandú Orsi fue el primer presidente en llamar a su colega brasileño Luiz Inácio Lula da Silva para felicitarlo por su victoria electoral. Fue también uno de los primeros en expresarse en redes sociales sobre el resultado de la elección brasileña; allí catalogó a Lula como «un amigo». El saludo del mandatario refleja la importancia del resultado para el gobierno uruguayo: el presidente brasileño es uno de los principales aliados en una región cooptada por gobiernos de ultraderecha. Pero también por lo que representa su figura a nivel global.
La posición oficial del gobierno fue en esa línea. «El triunfo del presidente Lula nos ayuda a reforzar fuertemente la región», afirmó el canciller Mario Lubetkin, en rueda de prensa, horas después de conocerse el resultado. «Las relaciones entre Brasil y Uruguay, relaciones de Estado, relaciones de gobierno, tienen que ser fuertísimas por el bien de Brasil, por el bien de nosotros», agregó.
En efecto, el resultado electoral representó una bocanada de aire fresco para la izquierda regional y la uruguaya, golpeadas por los triunfos de candidatos de ultraderecha en las últimas elecciones de Chile, Perú y Colombia. La Huella de Seregni –sede del Frente Amplio (FA)– fue centro de los festejos de la militancia del Partido de los Trabajadores (PT) en Montevideo; a su vez, la Mesa Política del FA expresó su alegría por el resultado, que reafirma «el compromiso colectivo de construir un futuro de justicia social» y «abre una nueva etapa de cooperación estratégica en favor de la soberanía y el bienestar de ambos pueblos». Y si bien la elección nacional aparece distante, el triunfo del líder brasileño insufló ánimos en la militancia, ya que consolida la idea de que «se puede» derrotar a la derecha.
MIRADA GLOBAL
El asesor presidencial en integración regional, Álvaro Padrón, afirmó que el resultado de Brasil es trascendente. La victoria de Lula, dijo, garantiza el equilibrio geopolítico internacional y supone un freno a la avanzada de Estados Unidos en el continente. Que se mantenga este equilibrio es clave para un país como Uruguay, que tiene relaciones estratégicas con China, Estados Unidos y Europa. También porque su presencia significa un impulso para la integración regional y el Mercosur. «Tenemos en Lula cuatro años más para construir región y creo que eso es una muy buena noticia para el Uruguay entero, no solo para una parte de este país», consideró (Radio Uruguay, 26-X-26).
En diálogo con Brecha, el politólogo y docente de la Universidad de la República Camilo López Burian afirmó que el análisis debe hacerse «en clave de autonomía». En este sentido, la reelección de Lula ubica a Brasil «como un actor amortiguador de la influencia de Estados Unidos en la región». Y eso es muy significativo para un Estado pequeño como Uruguay, ya que le otorga otros márgenes de maniobra para definir sus políticas en materia internacional. «Es una disponibilidad que en caso de que hubiera ganado Flavio Bolsonaro el país no tendría», apuntó.
Según López Burian, «Brasil es un jugador muy importante, y si Estados Unidos alinea a Brasil lograría, sin ninguna duda, influir más en la región». En este punto, el politólogo afirmó que un aspecto clave refiere al interés prioritario del gobierno estadounidense de controlar los recursos naturales. Ese interés se refleja en algunos posicionamientos en conflictos internacionales, como el que afecta al estrecho de Ormuz o la intervención en Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro.
En esta línea, Brasil también es un lugar de interés para Estados Unidos. «Es el segundo país con mayores reservas de tierras raras en el mundo, por detrás de China. Tiene el 20 por ciento de la disponibilidad total de tierras raras», que permiten extraer minerales utilizados en diversas industrias, como la bélica, explicó. «Tener élites favorables para promover una explotación menos regulada de estas tierras es un interés central para la actual administración estadounidense», afirmó.
La defensa de la soberanía brasileña, precisamente, fue uno de los ejes que marcaron el rumbo del debate de la campaña electoral. En este sentido, López Burian recordó que el propio Bolsonaro prometió durante su disertación en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) –una organización de la elite conservadora estadounidense– abrir la explotación de estos recursos a empresas extranjeras, y que Brasil se convierta en un proveedor estratégico de tierras raras y minerales críticos para el país del norte. A esto se le suma la existencia de grandes acuíferos en territorio brasileño, que permiten alojar centros de datos de desarrollo tecnológico de Silicon Valley, un tema que también fue planteado por Bolsonaro en reuniones con sectores de la ultraderecha de Estados Unidos (Lula también es receptivo a la instalación de centros de datos en territorio brasileño).
En esta línea, López Burian valoró que esta noción de la política autonomista de Brasil «no es propiedad exclusiva del PT ni de la izquierda brasileña», ya que hay sectores conservadores que tienen posturas similares. Por eso, las críticas a Bolsonaro por su subordinación al presidente estadounidense Donald Trump «también llegaron desde la derecha». Fue el caso del general Santos Cruz, exministro de Jair Bolsonaro, quien afirmó en una entrevista que habilitar la influencia estadounidense sobre los recursos naturales del país era «inaceptable».
MÍTICO
La victoria de Lula, apuntó López Burian, tiene otro aditivo: Bolsonaro es el primer candidato apoyado por Trump durante su segundo mandato que no gana una elección. En los últimos tiempos, Trump apoyó expresamente a varios candidatos de ultraderecha que lograron imponerse en las urnas, incluso sin ser favoritos. «Cuando gana Lula, trastoca esta visión. Ahí también está el valor de esta elección», señaló el politólogo.
En los hechos, la «virada» fue resultado de una intensa campaña, que incluyó acciones políticas concretas, como el aumento de Bolsa Familia –programa de transferencias a las familias más necesitadas–, la reducción de la jornada laboral y una fuerte movilización digital y en las calles, que le permitió al PT y sus partidos aliados volver a tomar el espacio público (incluso desbordando sus estructuras). Todo esto condujo a reducir los niveles de abstención electoral, uno de los objetivos de la campaña del candidato petista de cara al balotaje.
El senador Gustavo González (Partido Socialista) dijo a este semanario que el resultado representa un impacto importante para el conjunto de la izquierda latinoamericana y mundial. «En un momento en que la derecha está en una ofensiva brutal, el triunfo de Lula genera esperanzas, la idea de que se puede», valoró González. Para el legislador, buena parte del triunfo se sustentó en el carisma del candidato –«ya conocemos su historia, los sectores populares se sienten identificados con él»–, pero también en la movilización de los estudiantes universitarios, que contagió a los trabajadores. «Ellos remontaron lo que nunca debe dejar de tener la izquierda, que es la movilización», subrayó.
En esa línea, el senador Daniel Caggiani (MPP) apuntó que la dimensión del triunfo es un capítulo más en «esa película sorprendente» que significa la peripecia personal y política de Lula, perseguido en dictadura y en democracia, electo presidente por cuarta vez, con más de 60 millones de votos. «Dejó de ser un dirigente político, hoy es un mito», resumió Caggiani. Sin embargo, el aspecto central es que en esta campaña «se apostó a la gente». «Ahí está el resultado cuando la izquierda apuesta a movilizar y reenamorar a la gente en un proyecto a largo plazo», apuntó.
Para Caggiani, la izquierda actual «está huérfana de liderazgos de este tipo», ya que Lula «trasciende una expresión solamente de izquierda, y logró construir un frente democrático y popular contra los fascismos» –con la incorporación de dirigentes de centro y centroderecha, como Gerardo Alckmin–, que se convirtió en una experiencia victoriosa. «Es de las pocas experiencias –en los últimos tiempos– en que la izquierda democrática triunfa contra una derecha violenta y autoritaria, de los pocos oficialismos que continúa». Esto, dijo Caggiani, abre nuevas perspectivas en todos los procesos electorales futuros, como en Argentina, cuyas elecciones presidenciales están previstas para 2027, en Paraguay y, también, en Uruguay. Para esto es clave rearticular los procesos de izquierda, populares, progresistas y democráticos, dijo.
DE ENTRECASA
El senador González estimó que los procesos electorales no son comparables, ya que cada país tiene su historia y sus particularidades. Sin embargo, «la derecha ha trabajado muy bien el lobby de sus triunfos», y logró instalar la idea de una ofensiva en el continente que sería difícil de resistir. Lo que pasó en Brasil, en sentido inverso, le hace bien a la izquierda y al movimiento popular uruguayo, ya que le da ánimo a la militancia. «Compañeros que hace quince días estaban muy desmoralizados, hoy lo ven distinto, ven que se puede», expresó.
«Esto nos llena de ánimo para ir para adelante», insistió. En este sentido, es clave que el gobierno –como hizo Lula al final de la campaña– profundice las políticas sociales, con una apuesta clara por promover una reducción de la jornada laboral, reformar el sistema de pensiones y atender la situación de los denominados 25 mil pesistas. «Se logró abatir la pobreza infantil, y eso es muy bueno, pero no alcanza, hay que seguir trabajando, y ver cómo llegamos a 2029. La economía del país va a definir gran parte de la cosa, y el año que viene es bisagra», sostuvo.
Caggiani, por su parte, estimó que el triunfo de Lula tendrá un impacto positivo en Uruguay, ya que el foco de su política en el crecimiento económico con redistribución de la renta genera un mercado más grande para los productos uruguayos. Y recordó que el gobierno de Luis Lacalle Pou tuvo mejores resultados con Lula que con su antecesor, Jair Bolsonaro. En este sentido, apuntó que en un contexto internacional donde los márgenes de acción son cada vez más acotados, Uruguay debería leer la nueva realidad y tener una estrategia más ofensiva del relacionamiento bilateral con Brasil –quinta mayor economía del mundo–, que apueste a la interconexión económica y la complementación industrial, y que le permita al país un mayor relacionamiento con el Banco de Desarrollo de los Brics.
Asimismo, el legislador reiteró la importancia de la movilización social en la victoria del candidato petista, y dijo que para eso fue clave que la gente se apropiara de las políticas públicas que benefician a amplios sectores de la población. «Los logros de los gobiernos de izquierda en Uruguay son muy buenos en materia económica y social, pero tenemos una agenda más ambiciosa, porque hay un punto de partida que es diferente», valoró.
En este punto, Caggiani estimó que –aunque falta mucho para la elección nacional– la clave pasa por continuar con el desarrollo de diversas políticas públicas que ya están en marcha, pero «que todavía no han terminado de dimensionar su impacto», y construir con la fuerza política un discurso que matrice los avances que se lograron, para confrontar con el avance de la derecha y de la ultraderecha, «que en Uruguay gana cada vez más espacio».









