«No descarto que las élites brasileñas jueguen a desestabilizar a Lula» - Semanario Brecha
Con el antropólogo y sociólogo argentino Pablo Semán

«No descarto que las élites brasileñas jueguen a desestabilizar a Lula»

Semán sigue de cerca el auge de las extremas derechas en América Latina,* incluido Brasil, país donde se formó y vivió muchos años. En diálogo con Brecha, analiza posibilidades y debilidades de Lula y lo inserta en el contexto regional e internacional. «Los programas políticos están, en general, cada vez más a la derecha», dice.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva , en San Pablo, Brasil, el domingo 25. EFE, Isaac Fontana.

—¿La victoria inesperada de Luiz Inácio Lula da Silva frena el avance de la derecha en América Latina?

—No sé si exactamente lo frena, pero para mí es una muy buena noticia porque, más allá de la discusión de si pierden o ganan los oficialismos, estaba la discusión de si pueden perder en algún caso las derechas. Y esta vez perdieron. Perdieron los liberales autoritarios y de forma inapelable. Y con una campaña espectacular de Lula. No sé si esto es reproducible en otros países, porque depende de procesos políticos locales y también de la capacidad de esas mismas fuerzas locales que enfrentan a las derechas. Lo concreto es que tiene el efecto de llamarle la atención a la dirigencia que se opone a las derechas en el sentido de poder pensar: «Miren, no son invencibles».

—Lula tendrá un parlamento claramente opositor. ¿Eso lo deja a merced de las derechas?

—La composición del parlamento es la peor que enfrentó Lula en ningún mandato, pero también pienso que una parte de los dirigentes políticos brasileños que no pertenecen a las extremas derechas pueden llegar a intentar negociar con él. Sobre todo porque esos partidos de centro que apoyaron a Flávio Bolsonaro para garantizar el triunfo de sus gobernadores en la primera vuelta ahora tienen las manos un poco más libres y tal vez hasta prefieran negociar con el Partido de los Trabajadores. En ese sentido, el saldo político de estas elecciones tal vez no sea tan negativo. Pero hay otra alternativa: que todos empiecen a conspirar y a buscar una salida traumática de Lula. No descarto que las élites brasileñas puedan jugar a eso.

—Se vienen las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos1 y el año próximo las presidenciales en Argentina. ¿Hay señales o indicadores de una caída de las derechas electoralmente?

—Volvemos un poco a la primera pregunta, pero con una especificidad. Creo que no hay que pensar que todo esto es un juego del péndulo y que se van las derechas y vuelven las izquierdas, digamos, porque sí. Puede ser que gane un oficialismo de derecha, que pierda o gane una oposición de izquierda, pero me parece que los programas políticos están en general cada vez más a la derecha. Entonces no importa quién triunfe, porque los programas de gobierno se vienen desplazando hacia allí.

Claro que uno podría decir: «Bueno, es mejor que no gobierne la extrema derecha». Puede ser, pero me parece que no hay que ver las cosas en términos exclusivamente electorales, sino en términos políticos y de programas de gestión concretos. Y ahí es donde todo es mucho más problemático.

Las elecciones que permitirían decir si la hegemonía de la derecha en la región se revirtió quedan, en todo caso, muy lejos en el tiempo, salvo las de Argentina. Ahora bien, las elecciones de Estados Unidos y las de Israel esta semana pueden ayudar a crear un clima muy diferente (Donald Trump no las va a ganar y Benjamin Netanyahu no podrá formar gobierno aunque haya ganado2). Creo que eso va a tener una influencia generalizada en el nuevo clima social y político, y que las extremas derechas pueden llegar a sufrirlo. De todos modos, también me parece que es muy difícil reconstruir una situación como la de los primeros años de este milenio con los progresismos regionales en auge.

—¿Brasil puede traccionar acuerdos regionales que limiten el peso de Estados Unidos en la región? Pienso en concreto en el peso de los tecnooligarcas, a los cuales Lula les ha hecho frente.

—Me parece que es una hipótesis demasiado optimista respecto de las posibilidades de Brasil. Creo que puede incidir algo en ese sentido, pero no sé si tanto y sin conflictos que, por otro lado, no deriven a veces en el empeoramiento de las situaciones. Lo veo bastante difícil.

—¿Cómo puede quedar la relación entre Argentina y Brasil a partir de este nuevo triunfo de Lula?

—No puedo responder absolutamente nada concreto porque no sé qué es lo que va a hacer Javier Milei. Me da la impresión de que en este terreno tiende todo a ser más pragmático. Es decir, de la misma manera que Milei no deja de tener acuerdos comerciales con China y Argentina no deja de comerciar con China, tampoco va a romper el Mercosur. Incluso aunque haya una tentativa de presión por parte de Trump, que, por otro lado, también me parece que va a quedar debilitado como para poder intentar eso.


* Fue uno de los primeros en vislumbrar el desembarco de la ultraderecha en las redes sociales en América Latina a través de su libro Está entre nosotros. ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir? (Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2023), que ya va por su cuarta edición.↩︎

  1. Véase en esta edición «Que se vienen los rojillos», de Jorge Bañales. ↩︎
  2. Véase en esta edición «Los que mandan y los que obedecen», de Francisco Claramunt. ↩︎

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