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Lo que hay que tener

El miércoles de noche amenazaba lluvia. Y tormenta hubo, pero sobre el escenario. Iggy Pop fue una tromba desde que entró hasta que se bajó de las tablas del Teatro de Verano. Nunca tanta gente abandonó tan rápido cualquier escepticismo y se dedicó a disfrutar de un show, en más de un sentido, impresionante.

IGGY POP por Ombú.

A estas alturas resulta evidente que el rock es cosa de viejos. Cuando empezó el recital era imposible no pensar ¿de qué está hecha esta gente? Seguramente estén hechos de la misma materia que lo que hacen. No representan nada: son la historia del rock que nació de la muerte de la utopía hippie. Y es que en un mundo sin paz ni amor, sólo queda sobrevivir. Realmente es una sensación extraña ir al Teatro de Verano a ver a un señor de casi 70 años, maltrecho y sin camiseta. Uno no sabe bien qué esperar. Uno va, primero, porque no puede no ir, va aunque sea para rozar un aura. Pero al final el aura nunca está allí, se esfuma por el solo hecho de haber cruzado una barrera ontológica que parecía imposible de cruzar. Y es que se puede conocer a Robert de Niro, pero nunca a Travis Bickle. Así que ...

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