En plena ola de calor, las aguas
convertidas en sangre verde bien podrían ser la primera de las diez plagas de
Egipto. Después vendrán las ranas, las moscas, el granizo y el fuego. Para
dejar de creer que los dioses nos han castigado divinamente con una mancha
verde sobre nuestros ríos y playas, hay que dirigirse hacia los orígenes del
problema.
Un paper escrito por docentes de la Facultad de Ciencias fue
publicado estos días en una prestigiosa revista arbitrada de Holanda, y el solo
hecho ya es motivo de celebración. Sin embargo, el título no produce tanta
alegría: “La descarga de aguas residuales con fitoplancton puede favorecer el
desarrollo de cianobacterias en el principal río de suministro de agua potable
en Uruguay”.1
El trabajo surgió, como tantas otras cosas en la ciencia, de form...
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