El 28 de agosto, en la XV Asamblea Nacional de Derechos Humanos, numerosas organizaciones sociales rechazaron, entre otras cosas, la decisión de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH) de crear un grupo de trabajo sobre antisemitismo, y las expresiones de Marcos Israel (miembro de su Consejo Directivo) que pretenden identificar las críticas a Israel con el antisemitismo. Denunciaron que esas expresiones violan la ley 18.446, que creó la INDDHH y que prohíbe a los miembros de su Consejo Directivo expresarse públicamente y a título personal sobre temas de incumbencia de la institución, sin expresa autorización del consejo que integran.
Marcos Israel respondió: «No es la primera vez que tenemos la vergüenza de que en el ámbito de la INDDHH se apele a un tema de racismo que reiteradamente se ha traído en otras ocasiones, que es el antisionismo. Hay que decirlo claro, el sionismo no es otra cosa que el derecho del pueblo judío, que es el pueblo originario de ese lugar, a tener autodeterminación. De 200 países que existen en el mundo, el antisionismo singulariza al pueblo judío como aquel que no tiene derecho a su espacio. Es una vergüenza para el Uruguay que exista un movimiento antisionista en este país. Pero esta reiteración lo que nos trae es que estamos ante una militancia que está, un día sí y otro también, pendiente de este tema y empujando este tema. Entonces, ¿es solamente un tema de racismo? ¿Es solamente un tema de antisemitismo? Hay algo más, y se lo quiero explicar a la gente que ha venido por una agenda local. Porque esto está fuera de la agenda local. Se trata de un conflicto internacional que acá está fuera de la competencia. Sin embargo, los que han venido aquí a construir ciudadanía tratando los temas locales, que es lo que nos importa, es bueno que sepan qué hay detrás de esta movida. ¿Por qué esta agitación del antisemitismo? ¿Para qué? Para contextualizar la información que les voy a dar, les voy a mencionar a una cientista social y política, filósofa, muy importante del siglo XX en el tema del totalitarismo. Me refiero a Hannah Arendt. Arendt decía que el antisemitismo no fue inventado por el totalitarismo, ya estaba allí. Fue usado por los totalitarismos para sus fines. Quiero que sepan que un profesor de la universidad, el profesor Randall, en un acto en un aula de una de las facultades de la Udelar [Universidad de la República], en el cual estaba rodeado de banderas palestinas, y lo tengo grabado, dijo: “El genocidio es un regalo” –que es inventado, no hay ningún organismo internacional que haya dicho que hay genocidio, no lo hay–, dijo: “El genocidio es un regalo para despertar la conciencia revolucionaria dormida”. ¿Así que esta es la razón para inventar un genocidio? ¿Los nostálgicos de los sesenta, de las revoluciones de los sesenta, quieren otra oportunidad? ¿Están usando el antisemitismo como palanca para otra vez traer vientos de totalitarismo? Tienen que saberlo, porque esto es lo que está pasando».
Transcribo sus palabras, a partir de una grabación que circula en redes, porque expresa de manera condensada un pensamiento que comparte con otros y que vale la pena responder.
1. Marcos Israel empieza identificando antisionismo con racismo. Coincido con el manifiesto leído en sala por las organizaciones sociales: el antisemitismo (o judeofobia) «es el prejuicio y el odio hacia las personas judías en tanto tales, que históricamente ha generado persecución, represión y un atroz genocidio. Mientras que el sionismo es una ideología nacionalista que llevó a la creación de Israel como un Estado etnorreligioso (Israel se autodefine como “Estado Judío”) exclusivo y excluyente en Palestina, y que continúa impulsando su expansión en la actualidad». Millones de judíos no somos sionistas y muchos somos antisionistas. Ello no nos hace antisemitas. Confundir ambos conceptos y concluir que ser antisionista equivale a ser racista es una vieja práctica propagandística sin sustento. Es inconcebible que un miembro del directorio de la INDDHH no sepa diferenciar entre ambos conceptos, o que sea partícipe consciente de una práctica de censura que identifica la crítica a una ideología o a las políticas de un Estado con un acto de racismo.
2. Para resumir el sentido del sionismo, Marcos Israel señala que el pueblo judío es el pueblo originario de esa zona y, por tanto, tiene derecho a ocuparla. Cabe preguntarse si los que vivían allí antes o al mismo tiempo que los judíos no son originarios. ¿Cuál es la lógica torcida que hace que cientos de judíos uruguayos, cuyos antepasados –por numerosas generaciones– nunca vivieron en la zona del actual Estado de Israel, tengan más derechos que aquellos que viven en esas tierras hace diez o veinte generaciones?
Como ideología nacionalista, el sionismo busca la autodeterminación de un pueblo, pero lo hace a costa de la vida, la autodeterminación y la libertad de otros pueblos. Marcos Israel cita a Arendt de manera canallesca. Ella efectivamente señaló que el antisemitismo fue utilizado por el totalitarismo, pero sobre el sionismo fue muy crítica. En su obra «Sionismo reconsiderado» de 1945, escribió: «Este nacionalismo no es más que la asunción acrítica de la versión alemana del nacionalismo». Cuando Menachem Begin, en 1948, Arendt, Albert Einstein y otros intelectuales judíos enviaron una carta al New York Times. En ella decían que el partido liderado por Begin tenía «el sello inconfundible de un partido fascista para el que el terrorismo (contra judíos, árabes y británicos por igual) y la tergiversación son medios, y un “Estado líder” es el objetivo», y terminaban diciendo: «Los abajo firmantes recurrimos a este medio […] para instar a todos los interesados a que no apoyen esta última manifestación de fascismo». Años después, Begin fundó el Likud (que gobierna hoy) y fue primer ministro de Israel entre 1977 y 1983. Según la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) que Marcos Israel promueve, Arendt, Einstein y sus compañeros serían acusados hoy de antisemitismo por sus opiniones.
3. Marcos Israel considera que la solidaridad con el pueblo palestino no es una agenda local. Por suerte, durante la dictadura uruguaya y durante el holocausto nazi miles de personas en el mundo pensaron distinto que él y se movilizaron en favor de los perseguidos de entonces.
4. También dice que el genocidio es un invento, y aduce que ningún organismo internacional lo ha confirmado. Lo han confirmado la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, Incluida Jerusalén Oriental e Israel de la ONU, la Asociación Internacional de Expertos en Genocidio, Amnistía Internacional, la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, B’Tselem, entre otras. La lista es muy larga. Cuando los nazis acababan con la vida de millones de personas judías, ¿había que esperar a que alguna organización oficial calificara ese horror como genocidio para denunciarlo? Reto a Marcos Israel a que mire el filme La gran Palestina, que mire a los ojos a los niños muriendo de hambre por decisión expresa del régimen israelí y luego afirme que es un invento.
5. Me acusa de haber dicho que «el genocidio es un regalo para despertar la conciencia revolucionaria dormida». Pido que muestre la grabación que dice tener. No recuerdo haber dicho tal cosa. Cuesta imaginar que alguien considere un «regalo» el asesinato de más de 20 mil niños; la destrucción sistemática de hospitales, escuelas, viviendas, plantas de agua; el asesinato sistemático de periodistas y personal de salud; el hambre como arma contra más de 2 millones de personas. Es de eso de lo que estamos hablando.
Lo que sí dije, en varios lugares, es que este genocidio se ha convertido en un enorme acto de educación política para la generación actual, que está llegando al activismo de la mano de este drama. Dije, y reitero, que eso da esperanza. Porque, a pesar de la tecnología de la muerte, en la que son expertos Israel y Estados Unidos, el futuro todavía depende de nosotros, de ser consecuentemente humanos.
6. Marcos Israel culmina con un argumento delirante: los militantes de la causa palestina habríamos inventado la acusación de genocidio como palanca para promover la revolución. La realidad es que el genocidio está a la vista, y millones de personas en el mundo lo condenan. Aquellos que hoy lo niegan tendrán dificultades para explicarles a sus hijos y nietos de qué lado de la historia estuvieron mientras el horror se perpetraba.
Los que en los sesenta fueron presos, exiliados, asesinados o desaparecidos no estaban buscando el totalitarismo. Luchaban por hacer realidad la aspiración de libertad, igualdad y fraternidad por la que tantas generaciones han luchado desde la revolución francesa. No lo hemos logrado aún. Habrá que seguir luchando por ello, por el futuro de todos y todas.
Entre los revolucionarios de los sesenta estaban Angela Davis, Leonard Peltier y Malcolm X, que buscaban algo tan elemental como la igualdad entre los seres humanos, sin distinción de color. Es por lo que luchamos hoy: que se considere que un ser humano árabe palestino vale tanto como uno judío israelí, ni más ni menos. Si molesta al señor Marcos Israel que millones de jóvenes luchen por eso, cabe preguntarse si merece ser miembro del Consejo Directivo de la INDDHH.






