Desde que Emmanuel Carrère1 abandonó la novela para dedicarse de lleno a ese híbrido que es la novela de no ficción, sus narraciones están llenas de relaciones improbables, conexiones inauditas, relatos inverosímiles y derivas imprevistas. Es como si la realidad necesitara más imperiosamente que la ficción convocar la maravilla para mantener al lector agarrado de la solapa, la nariz metida en el libro, y que arda Troya. Así, mientras que a muchas novelas les basta narrar un tranquilo romance a la orilla del mar, o incluso la historia de un asesinato, la novela de no ficción recurre a menudo a otras estridencias y donde la ficción tal vez cuente la historia de un mago, la no ficción solo lo haga si el mago es, además, manco. Antes de escribir El adversario, el libro que narra la historia de...
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