Según un par de conteos rápidos de encuestadoras con base en muestras de actas de votación, el candidato izquierdista Roberto Sánchez llevaba unas pequeñas décimas de ventaja sobre Keiko Fujimori, la política con más poder en el país. Al 98 por ciento del escrutinio, los personeros legales de Juntos por el Perú, el partido de Sánchez, y Fuerza Popular, el de Fujimori, han impugnado algunos miles de votos ante el tribunal electoral –el Jurado Nacional de Elecciones– y, además, están pendientes de resolver otras 1.600 actas con errores aritméticos o firmas incompletas. Cada acta tiene en promedio unos 250 votos. Partidarios de Sánchez comenzaron en la noche del miércoles a organizar vigilias «en defensa del voto» de posibles fraudes. Independientemente de quien gane por mínima, el fujimorismo ya tiene cooptados los poderes del Estado y llega al Congreso en condiciones a su favor.
El parlamento bicameral que se estrenará a fines de julio tendrá 60 senadores y 130 diputados que integran seis bancadas. Fuerza Popular, con 22 senadores electos, tiene como aliado desde 2021 a Renovación Popular, del líder ultraderechista Rafael López Aliaga, y en la Cámara de Senadores, que será el centro del poder sin contrapesos, le falta solo un voto para la mayoría simple. Los diputados de las dos formaciones políticas suman 56.
El excandidato presidencial de centro Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno, anunció un par de días antes de la segunda vuelta del domingo que prefiere acercarse al fujimorismo que a Sánchez: su bancada tiene 18 diputados y 7 senadores. Con esos votos adicionales, el fujimorismo podría seguir dominando el Congreso, aunque para la mayoría calificada, de 87 votos, requeriría algunos tránsfugas de los que hacen bloque con Juntos por el Perú.
El partido de Sánchez ha logrado 14 senadores y 32 diputados y antes de la segunda vuelta articuló un frente de centroizquierda con varias formaciones políticas, incluidas un par con bancada parlamentaria, Ahora Nación y Partido Cívico Obras, aunque ambas tienen menos congresistas electos que el resto de los partidos.
Si bien los parlamentarios de Obras son desconocidos, sin doctrina y carentes de experiencia en el Estado, la bancada de Ahora Nación, liderada por el excandidato presidencial Alfonso López-Chau, cuenta con parlamentarios que ya han ejercido como oposición al fujimorismo en el Congreso desde la década anterior. Uno de ellos, Harvey Colchado, es un oficial de inteligencia policial que fue pasado al retiro irregularmente tras haber dirigido un allanamiento al domicilio de la golpista expresidenta Dina Boluarte y haberse encargado, en 2018, de la detención preliminar de Keiko Fujimori cuando era investigada por lavado de activos y organización criminal en relación con aportes millonarios de la constructora Odebrecht y otras empresas a sus campañas electorales.
SOCAVANDO DESDE 2016
El fujimorismo ha estado gobernando Perú, desde diciembre de 2022, bajo la fachada de otros mandatarios sin poder –Boluarte, José Jerí, José María Balcázar– luego de que el profesor rural y sindicalista Pedro Castillo diera un autogolpe frustrado intentando evitar que el poderoso Congreso lo destituyera mediante la tan sui géneris figura de «vacancia por incapacidad moral permanente». Pero Keiko es responsable de la inestabilidad política instalada en el país desde la primera vez que perdió las elecciones generales, en 2016, contra el exbanquero de inversión Pedro Pablo Kuczynski. Desde esa vez, insiste en que le «roban» las elecciones, pese a que las misiones de observación internacional lo niegan, una técnica que se repite entre los allegados a Donald Trump en todo el continente.1
Salvador del Solar, que fue primer ministro del gobierno de Kuczynski, alertó este miércoles que, de ganar Fujimori, Perú va a padecer «una masificación» del autoritarismo que vive desde 2016 a causa de las acciones de Fuerza Popular. «Hemos visto en estos diez años que Kuczynski cae por acción protagónica del fujimorismo; luego de que Martín Vizcarra disuelve el Congreso, termina vacado con acción protagónica del fujimorismo», recordó en una entrevista con el diario La República. Y destacó que, en mayo, un dirigente fujimorista admitió que hubo una «estrategia conjunta» con el Ministerio Público, el Congreso y la prensa para sacar del cargo a Castillo después de que lo acorralaron. «Es algo bastante antidemocrático, y la reacción de Castillo fue un golpe de Estado porque todo va escalando. Boluarte, Jerí, Balcázar: todo esto es consecuencia del uso del poder de Fuerza Popular. Vamos a ver algo todavía peor en ese sentido.»
El actual Congreso eliminó la única forma de contrapeso que el Ejecutivo tenía respecto del parlamento, la cuestión de confianza, y también el referéndum, para imposibilitar una eventual nueva constitución. Y, además, nombró a funcionarios afines en el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo usando esas redes para designar a otros leales en la Junta Nacional de Justicia, la entidad que selecciona, nombra, sanciona, destituye y repone a fiscales y jueces. Es decir, el fujimorismo y sus aliados usaron los poderes del Estado para librarse de investigaciones fiscales y juicios por corrupción y para modificar la política de persecución penal. Pacto corrupto le llaman en Perú a ese contubernio.
Todas esas instituciones manipuladas por el poder político ya ejecutaron algunas venganzas: desplazaron a un juez y un fiscal que habían tomado decisiones que afectaban a Keiko. Hoy, el órgano de gobierno del Ministerio Público, la junta de fiscales supremos, está copado por magistrados que la década pasada fueron destituidos por formar una red de corrupción en el sistema de Justicia, la mafia llamada Cuellos Blancos del Puerto, que intentó ayudar a Keiko cuando iniciaba la investigación fiscal en su contra por el caso Odebrecht. Difícil en estas condiciones que, aunque gane la elección presidencial, Sánchez pueda llegar a gobernar.
- Antes de la primera vuelta electoral, Fujimori prometió «acercar a Perú a Washington» y felicitó a Trump por su política hacia América Latina. Altos funcionarios del gobierno estadounidense dijeron, a su vez, que la elección de la hija del autócrata Alberto Fujimori «representa una oportunidad para Perú» (N. de E.). ↩︎







